Cómo hacer una votación en directo y no elegir la herramienta equivocada
Votación de sala, votación con censo y encuesta son tres cosas distintas, y casi todo el mundo elige la que no era. Qué hay que decidir antes y qué falla el día del evento.
Todo el mundo llega aquí desde el mismo sitio: había que decidir algo con mucha gente delante, se hizo a mano alzada y salió regular. Nadie contó bien, media sala levantó la mano cuando vio lo que votaba el de al lado, y a los treinta segundos no quedaba ni rastro del resultado.
El paso siguiente suele ser buscar «una app para votaciones», probar la primera que aparece y descubrir el día del evento que no hacía lo que hacía falta. Casi siempre porque se compró la herramienta de otra familia.
Las tres votaciones que la gente confunde
La votación de sala
Hay gente junta, a la vez, y el valor está en el momento: se pregunta, se vota en quince segundos y el resultado aparece delante de todos. Lo que importa es el recuento y la reacción, no la identidad de cada votante.
Es lo que pasa en un show, en una clase, en un congreso, en la presentación de un producto o en un concurso con jurado popular. El público vota desde su móvil, normalmente escaneando un código, y no instala nada.
La votación con censo
Aquí lo que importa es exactamente lo contrario: quién puede votar está decidido de antemano y hay que demostrarlo después. Una junta de accionistas, unas elecciones sindicales, la junta de una comunidad de propietarios.
Esto pide cosas que una votación de sala no tiene y no debe fingir que tiene: lista cerrada de votantes, delegaciones de voto, voto secreto de verdad —que nadie, ni el administrador, pueda ver qué votó cada uno—, acta del resultado y, en el caso de una comunidad, recuento por coeficiente de participación y no por cabezas.
Si tu caso es este y usas una herramienta de sala, el problema no es que funcione mal: es que el resultado puede impugnarse. No son la misma aplicación ni se parecen por dentro.
La encuesta
No hay sala. La gente contesta cuando puede, a lo largo de unos días, y el tiempo no forma parte del juego. Para esto hay formularios gratuitos que llevan veinte años puliéndose y hacen el trabajo perfectamente.
Merece decirse porque es el caso donde más se gasta de más: se compra una herramienta de participación en vivo para algo que era un formulario y un enlace por correo.
Cuatro decisiones que hay que tomar antes
Si lo tuyo es la votación de sala, estas cuatro cambian el resultado más que cualquier característica del catálogo. Convienen decididas antes de mirar herramientas, porque son las que descartan la mitad.
- ¿Necesitas saber quién ha votado? Pedir nombre, correo y teléfono convierte la votación en una lista de contactos, que en un evento en vivo vale dinero. Pero son datos personales: hay que decir para qué los quieres, pedir permiso aparte si vas a escribirles después, y poder borrarlos. Y si quien vota es menor de edad —un aula, un instituto— la respuesta sensata suele ser no pedir nada.
- ¿Se puede votar dos veces? Sin censo no hay forma perfecta de impedirlo, y quien te diga lo contrario te está vendiendo humo. Lo que sí hay son grados: votación abierta, uno por persona identificada, o uno por dispositivo. El tercero frena al listo que recarga la página; no frena al que trae dos móviles. Decide qué nivel necesitas, y sobre todo qué se juega: no es lo mismo un juego que la votación que reparte un premio.
- ¿Se ve el resultado mientras se vota? Las barras moviéndose en directo son muy vistosas y arrastran el voto: quien ve que su opción va perdiendo cambia, y quien no tenía opinión se suma a la que gana. Si lo que quieres es espectáculo, enséñalo. Si lo que quieres es un resultado limpio, no enseñes nada hasta que cierre.
- ¿Cuánto tiempo das? La cuenta atrás no es decoración: es lo que hace que la sala vote en vez de deliberar con el de al lado. Quince o veinte segundos para una pregunta sencilla. Sin reloj, la votación se alarga, el público se distrae y el momento se pierde.
Lo que falla el día del evento
Una votación en directo tiene un problema que no tienen otras herramientas: todo pasa a la vez y delante de la gente. No hay «pruébalo otra vez». Estas son las que se repiten:
- La cobertura de la sala. Doscientas personas usando sus datos a la vez en un sótano o en un teatro con paredes gruesas es el fallo número uno, y no lo arregla ninguna aplicación. Compruébalo en el sitio, no desde tu despacho, y con más de un operador.
- El portátil que se duerme. Si la votación la cierra el navegador del operador, cualquier despiste la deja abierta para siempre. Tiene que cerrarla el servidor, y eso hay que preguntarlo expresamente porque por fuera no se ve.
- El código proyectado demasiado pequeño. Desde la fila veinte, un código en una esquina no se escanea. A pantalla completa y un buen rato antes de la primera pregunta, no justo cuando empieza.
- El registro a destiempo. Si la gente tiene que apuntarse en el mismo minuto en que hay que votar, la mitad llega tarde a la primera pregunta. Se abre antes, durante la espera.
- Hacer que la gente vuelva a escanear. Un código para toda la noche; los móviles deberían pasar solos de una pantalla a la siguiente. Si hay que refrescar entre preguntas, se pierde gente en cada una.
- No haberlo probado con el aforo real. Que funcione con cinco compañeros probando no dice nada de lo que pasa con doscientos a la vez. Es exactamente el momento en el que todo se concentra.
Cuándo no hace falta nada de esto
Merece la pena decirlo porque es la mitad de los casos:
- Menos de treinta personas: a mano alzada se cuenta bien y se tarda menos que en explicar cómo se escanea un código.
- Si no hay sala: formulario gratuito y un enlace. No hay nada que un producto de pago te vaya a dar aquí.
- Si el resultado tiene que aguantar una impugnación: esto no, y tampoco el formulario gratuito. Necesitas censo, voto secreto y acta.
Y cuándo sí
Cuando hay sala, el momento importa y la herramienta genérica se te queda corta: porque cobra por asistente, porque la pantalla lleva la marca de otro, porque el espectáculo se tiene que adaptar a lo que la herramienta sabe hacer, o porque los contactos del público se los queda quien te la alquila.
Eso es lo que resuelve la aplicación de votaciones en directo que construimos: un código para toda la noche, cuenta atrás por pregunta, resultados en vivo o a puerta cerrada según convenga, la estética sacada de tu propio cartel y la lista de quien votó en tu panel, no en el de nadie más. Está probada con cuatrocientos móviles simultáneos contra el servidor de verdad, que es el dato que importa cuando la sala está llena.
Si tu caso es el de la votación con censo, se puede construir también, pero es otra aplicación y conviene plantearla como tal. Y si lo que tienes es una tarea repetida que no tiene nada que ver con votar, mira qué se puede automatizar o qué lleva dentro una aplicación a medida.