Espectáculos en vivo · eventos
App de votaciones en directo: el público vota desde su móvil
Un QR proyectado, la sala vota desde su sitio y los porcentajes aparecen en segundos. El operador lleva la función desde su panel: pregunta, cuenta atrás, resultado y a la siguiente. En uso en los shows de Comedy Pizza.
El problema
Preguntarle algo a una sala llena se hace a mano alzada. Y a mano alzada nadie cuenta bien, la mitad levanta la mano cuando ve lo que vota el de al lado, y a los treinta segundos no queda ni un dato de lo que ha pasado.
Lo que hay para arreglarlo son herramientas genéricas de participación de público: se paga por asistente, la pantalla lleva la marca de otro y el espectáculo se adapta a lo que la herramienta sabe hacer, no al revés. Y los contactos del público, que en un show en vivo son medio negocio, se los queda quien te alquila la aplicación.
Cómo funciona una votación en directo
Hay dos pantallas: la que se proyecta y el panel del operador. El público no ve más que su móvil.

- El cartel del show ocupa la proyección mientras no pasa nada. Sirve de espera y de pausa entre preguntas.
- El QR, a pantalla completa. La gente entra antes de que empiece la primera votación y se queda esperando. Es un solo QR para toda la noche: se escanea una vez.
- El operador abre la etapa. Primero el enunciado en pantalla, para leerlo; después la votación, con su cuenta atrás. Solo entonces se puede votar.
- Los móviles van solos. Cada cambio de pantalla les llega en el momento: nadie tiene que refrescar ni volver a escanear.
- El reloj cierra la votación y salen los porcentajes y el ganador. Cierra aunque el portátil del operador se haya dormido o haya cerrado el panel: eso lo hace el servidor, no el navegador.
- Y vuelta al cartel para la siguiente etapa, con la gente todavía conectada.


Todo lo que se puede hacer con ella
Cada función se monta antes desde el panel, y de una a otra no hay que tocar nada más que el contenido.
- Shows por etapas o votaciones sueltas. Un show es una lista ordenada de preguntas que se van abriendo durante la noche. Una votación suelta es una sola, con su QR y su pantalla.
- Preguntas con las opciones que quieras, o de verdadero y falso.
- Cada opción puede llevar imagen, que es lo que hace falta cuando se vota entre personas, carteles o platos.
- Cuenta atrás por pregunta, del tiempo que decidas. Es lo que mete la prisa que hace que la sala vote en vez de deliberar.
- Resultados en vivo o a puerta cerrada. O las barras se mueven mientras entran los votos, o no se enseña nada hasta el final y el resultado es un golpe de efecto.
- Tres niveles de control del voto: abierta, uno por persona, o uno por persona y dispositivo. Se elige por pregunta, que no es lo mismo un juego que la votación que reparte un premio.
- La estética la manda tu cartel. Subes el póster y de ahí salen los colores de la pantalla; si el espectáculo ya está dado de alta en la aplicación de producción, coge solo su logo, su cartel y su color. Hay cuatro estilos —neón, teatro, minimal y festival— y se puede forzar el que toque.
- La lista de apuntados. Quien vota deja nombre, correo y teléfono, y ahí quedan: los que votaron y los que escanearon el QR pero no llegaron a votar. Con buscador, con el filtro de quién aceptó que le escribas, y con salida a CSV o los correos copiados de una vez.
- El panel va con login, y solo entra el equipo. Los datos personales del público no los ve nadie más, tampoco desde la pantalla proyectada.
- Nadie instala nada. El público abre la cámara, escanea y vota en el navegador. Ni app, ni registro, ni contraseña.

Aguanta la sala llena
Una votación en directo tiene un problema que no tienen las demás aplicaciones: todo pasa a la vez. Doscientas personas escaneando en el mismo minuto y votando en los mismos quince segundos, delante del público, sin opción a «pruébalo otra vez».
Así que se midió antes de estrenarla. Cuatrocientos móviles simultáneos —ocho veces el aforo de una función— contra el servidor de verdad: los cuatrocientos votos entraron, ninguno se perdió, ninguna petición falló. El cambio de pantalla llegó a todos los móviles en menos de medio segundo, y cada voto tardó unas tres décimas en aparecer proyectado.
No es una estimación: son pruebas de carga con su informe, hechas dos días antes de una función.
Para quién tiene sentido
Nació para un show de humor, y el mecanismo no tiene nada de humor: preguntarle algo a mucha gente a la vez y enseñar el resultado en la misma sala, sin que nadie cuente nada a mano.
Eso pasa en un aula y en un claustro, en la asamblea de un AMPA, en una formación o un congreso, en un club o una asociación, en un concurso con jurado popular, en una feria y en una presentación interna. Cambian las preguntas y el cartel; el resto es lo mismo.
Donde no encaja tal cual es en una votación con censo cerrado, voto secreto y valor legal: una junta de accionistas, unas elecciones sindicales o la junta de una comunidad de propietarios, que además vota por coeficiente de participación y no por cabezas. Eso pide censo, delegaciones de voto y acta, y es otra aplicación. También se puede construir, pero no es esta.
Si lo tuyo se parece a lo primero, es una aplicación a medida de las pequeñas. Y si lo que te sobra es papeleo repetido, mira qué se puede automatizar.
Lo que preguntan antes de una función
¿Cuánta gente puede votar a la vez?
Se probó con cuatrocientos móviles simultáneos contra el servidor de verdad —ocho veces el aforo de una función— y entraron los cuatrocientos votos sin perder ninguno. Una sala de doscientas personas no la despeina.
¿Tiene que instalarse algo el público?
No. Abre la cámara, escanea el QR y vota en el navegador. Ni aplicación que descargar, ni registro, ni contraseña. Se escanea una vez y sirve para toda la noche.
¿Y si en la sala no hay wifi?
El público vota con sus propios datos, así que el wifi de la sala da igual. Lo que sí necesita conexión estable es el ordenador que proyecta y el que lleva el control, que son dos.
¿Se puede poner el cartel y los colores de mi show?
Sí, y es lo normal: se sube el póster y de ahí salen los colores de la pantalla, o se coge del espectáculo si ya está dado de alta. Hay cuatro estilos —neón, teatro, minimal y festival— y se puede forzar el que toque.
¿De quién son los contactos de quien vota?
Tuyos. Quien vota deja nombre, correo y teléfono, y esa lista se ve y se exporta desde tu panel, con el filtro de quién aceptó que le escribas. No hay nadie en medio cobrando por dejártelos ver.
¿Se puede votar sin dejar el correo?
Sí. Se apaga en el panel, show por show, y entonces se vota sin dejar nada: ni nombre, ni correo, ni teléfono. Es lo que hace falta en un aula, donde quien vota es menor de edad, y en cualquier votación que no deba llevar nombres detrás. A cambio se pierden dos cosas: no hay lista de apuntados, y el freno de repetición se queda en el dispositivo —el mismo móvil no vota dos veces, dos móviles sí—.
¿Sirve para una votación con validez legal?
No, y conviene decirlo antes: una junta de accionistas o unas elecciones sindicales piden censo cerrado, voto secreto y acta, y eso es otra aplicación. Esta está hecha para que una sala decida algo en treinta segundos.
¿Tu proceso se parece a este?
Casi nunca es igual, y da lo mismo: el primer paso siempre es el mismo, mirarlo juntos. Una hora, presencial o por vídeo, y sales con qué se puede construir y qué costaría.