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Artes escénicas · producción

Una productora de espectáculos, sin hojas de cálculo por medio

Espectáculos, funciones, teatros, compañías y técnicos en un solo sitio. La ficha pública se publica sola en la web y el ranking dice, con números, qué se está vendiendo y qué no.

El problema

Una productora de artes escénicas mueve a la vez muchas cosas que no se parecen entre sí: espectáculos que se programan meses antes, funciones que cambian de fecha, teatros con sus salas y sus aforos, compañías, actores, técnicos y las tarifas de cada uno.

Lo normal es que cada una de esas cosas viva en su propia hoja de cálculo, y que la programación se escriba tres veces: una para contratar, otra para la web pública y otra para saber qué hay mañana en cada sala. En cuanto una función se mueve de día, dos de las tres se quedan viejas y nadie sabe cuál es la buena.

Y encima, la pregunta que de verdad importa —¿esto se está vendiendo?— no la contesta ninguna, porque las ventas llegan del sistema de entradas en un fichero aparte.

Cómo funciona

  • Un espectáculo se escribe una vez. De ahí salen sus funciones, su ficha pública y lo que ve el equipo. Cambiar una fecha se hace en un sitio.
  • La ficha pública se publica sola. Cada espectáculo tiene su ficha —título, duración, precio desde, edad recomendada, idioma, vídeo, categorías— y se marca en qué webs sale. Sin pasar por nadie que la copie a mano. Se ve el resultado en la web del teatro, cuya cartelera sale de aquí.
  • Eventos en lote. Una temporada no se mete función a función: se crean de golpe y luego se ajusta lo que haga falta.
  • Equipo y dinero en el mismo sitio: compañías, actores, técnicos, tarifas salariales, salarios y el módulo financiero con sus informes.
  • Un asistente que sabe de la casa. Contesta las preguntas del equipo, y a lo que no está en los datos se le enseña escribiéndolo: normas, contactos, aclaraciones.
  • Y la convocatoria del elenco. Se llama a un actor para una función, él acepta o rechaza desde su enlace, y al aceptar el importe de ese bolo entra en su nómina —que lleva la aplicación de personal— sin que nadie cuadre nada a fin de mes.
Ficha de un espectáculo: título, subtítulo, precio desde, edad recomendada, idioma y categorías, con las casillas de en qué webs se publica y el asistente abierto al lado.
La ficha de un espectáculo, con el asistente al lado. Datos de ejemplo: las pantallas son las reales, lo que se ve dentro está inventado.

La parte que más se usa: saber qué se vende

Cada mañana llegan los informes de venta de las plataformas de entradas, y cada plataforma los manda a su manera. Un modelo de lenguaje los lee y reparte cada venta en su espectáculo, sin que nadie abra un fichero ni copie una fila. De ahí sale un ranking con la ocupación ponderada, las entradas, la facturación y las invitaciones, al día.

Ese es exactamente el trabajo para el que sirve la IA en una empresa pequeña: no escribir textos, sino leer todos los días lo que llega en veinte formatos distintos y dejarlo ordenado.

Lo interesante no es el ranking, que lo hace cualquiera. Es que la aplicación dice de qué no puede hablar: cuántas funciones tienen aforo y venta registrados y cuántas no, y por tanto sobre qué parte del negocio está midiendo. Un porcentaje sin ese contexto es un número bonito del que nadie se puede fiar.

Y avisa de lo que está mal atribuido: funciones que existen pero no están emparejadas con su espectáculo, y que mientras siga así no cuentan para nadie. Eso es lo que convierte un informe en una herramienta de trabajo.

Ranking de ventas por espectáculo, con la barra de cobertura de datos, el aviso de funciones sin emparejar y la tabla de ocupación, entradas y facturación.
El ranking de ventas, con la cobertura de datos por delante. Datos de ejemplo: las pantallas son las reales, lo que se ve dentro está inventado.

Con qué está hecho

Next.js y React por delante, y base de datos en servidores de la Unión Europea por detrás, con los permisos por usuario en la propia base y no solo en la pantalla. Los informes salen en PDF y el asistente va contra un modelo de lenguaje, con la clave en el servidor y nunca en el navegador.

No trabaja sola. De aquí salen otras tres cosas sin volver a teclear nada: el calendario del equipo, que se sincroniza con esta, y la cartelera de la web del teatro, que se publica sola con su enlace de entradas, y las nóminas del elenco, que se calculan de las convocatorias aceptadas.

Es una aplicación a medida de las grandes: varios usuarios, varios perfiles y un negocio entero dentro.

¿Tu proceso se parece a este?

Casi nunca es igual, y da lo mismo: el primer paso siempre es el mismo, mirarlo juntos. Una hora, presencial o por vídeo, y sales con qué se puede construir y qué costaría.